En Hurlingham, la inseguridad avanza, pero el municipio se encarga de silenciar a quienes la denuncian. Bajo el mando de Damián Selci, La Cámpora convirtió los grupos de WhatsApp vecinales y las redes sociales en herramientas de control, donde cualquier crítica es censurada y los reclamos por la creciente crisis del distrito son minimizados o censurados por un ejército de “trolls”, mientras el oficialismo impone su discurso.
En espacios que deberían servir para la organización vecinal, como el grupo "Vecinos de Villa Club", cualquier cuestionamiento al gobierno local es acallado, mientras que el contenido propagandístico del municipio se difunde sin restricciones. En redes sociales, la estrategia es similar: cada vez que se menciona la falta de seguridad o el deterioro del distrito, los trolls oficialistas desvían la discusión hacia el Gobierno Nacional, repitiendo que “Milei no le pasa plata al municipio”.
Pero la manipulación no termina ahí: El mismo aparato de desinformación que tapa la inseguridad también se utilizó para encubrir el escándalo del hospital de PAMI. En julio de 2023, Selci realizó una inauguración parcial del supuesto nosocomio, que en realidad nunca estuvo terminado ni contó con servicios esenciales como guardia, internación o quirófanos. Finalmente, el organismo lo recategorizó como un simple Centro Ambulatorio porque no cumple con los requisitos mínimos para ser un hospital. Sin embargo, los medios aliados al municipio intentaron instalar que la culpa de esta decisión recaía en la falta de inversión del gobierno de Javier Milei, desviando la atención del hecho de que los fondos destinados a la obra se habrían utilizado por La Cámpora para hacer campaña en el distrito.
Paralelamente, medios como Oeste Nuevo, La Ventana del Oeste, Conexión Oeste, El Ojo Liberal, Hurlingham Post, Noticias Provincia, Informe Político y La Política digital difunden noticias falsas para desprestigiar a la oposición y ocultar los problemas reales del distrito.
Mientras tanto, los vecinos viven en un estado de creciente inseguridad, enfrentando una ola de delitos que puso en jaque la tranquilidad de Hurlingham. El problema no es solo la inseguridad, sino la falta de voluntad política para resolverla. Las marchas de los vecinos exigiendo medidas concretas fueron ignoradas por Selci, quien parece más preocupado por sostener su aparato de propaganda que por garantizar la seguridad de los ciudadanos. La pregunta que queda es cuántos recursos municipales se están destinando a censurar y distraer, en lugar de a brindar soluciones reales a un distrito que, día a día, pierde el control.
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